Hace ya algunos años, la diseñadora de mi traje de novia me dijo que los tatuajes le parecían aberrantes y que me los tapara con maquillaje. Qué decir tiene que no le hice caso y los lucí en todo su esplendor.
Este no es un post defendiendo los tatuajes, es un post en el que defiendo la libertad de “decidir”. La decisión de si quieres que salgan en las fotos de boda o no, es sólo tuya, de nadie más.
Los míos tienen un significado muy especial. Por ejemplo, en el antebrazo llevo una pieza de ajedrez, la reina, abrazada por flores de cerezo. Es en honor a mi abuelo, al que le encantaba jugar y (hacer trampas) al ajedrez y las flores significan añoranza, ya que le echo muchísimo de menos.
Pero no tiene por qué haber un motivo detrás, simplemente los llevas porque te gustan.
Desde luego, en esta última década se han convertido, por lo menos para mí, en arte. Los tatuadores son artistas que han sobrepasado la etapa de la plantilla, para crear obras cuyo lienzo es tu piel.

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